
Una nana para ti David. Que te canté en un momento muy doloroso, con el vaivén de la mecedora... tanto la música, como esta humilde letra, brotaron de mis labios, susurrando muy cerquita de tu rostro. Hasta que por fin y después de un suspiro, dando hipitos de congoja, te quedaste dormido.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada